La pared húmeda no habla, pero la termografía sí: guía para entender el origen
Hay humedades que se anuncian a gritos: pintura abombada, olor persistente, una esquina donde el moho vuelve aunque se limpie cada mes. Y hay otras mucho más traicioneras. Se esconden detrás de un armario, bajo un zócalo, en el encuentro entre fachada y forjado, o en el falso techo de un baño. Cuando por fin se hacen visibles, el daño ya no es pequeño. En ese punto, lo importante deja de ser secar la mancha y pasa a ser otra cosa: entender el origen con criterio. Ahí es